lunes, 21 de marzo de 2011

Cuéntame tu rutina y te diré cómo acabarás

Esta vez estoy escribiendo lo que se me viene a la mente tras un intercambio de emails con uno de mis buenos amigos. Da la casualidad de que él es cristiano y el comentario que me hizo tiene que ver con lo que significa vivir como tal en el día a día.

Básicamente, lo que me hizo notar fue la conciencia que ha tomado de cómo transcurren sus jornadas. Es, podría decirse, una versión de lo que se conoce como la rutina “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, pero él fue muy explícito en relacionar esto con el hecho de que generalmente esta rutina absorbe todas nuestras energías y nos mantiene lo suficientemente ocupados como para impedirnos levantar la vista al cielo y enfocarnos en lo que realmente importa (i.e. la comunión con Dios).

Esto, diría yo, describe lo que probablemente ocurre en la mayoría de los hogares que conozco. Podemos teorizar y afirmar con muy lindas palabras que es posible vivir en contacto con Dios a lo largo del día aun en medio de la más intensa actividad laboral, pero la realidad es que nuestra inconstancia suele ser grande y, a menos que decidamos consciente y seriamente dedicar un tiempo a alimentarnos espiritualmente (tal como solemos aferrarnos a nuestros horarios de comidas), tendremos la tendencia a dejar nuestra hambre espiritual insatisfecha una vez más.

¿Cómo se vence la rutina? Me veo sumamente tentado a escribir una respuesta tradicional (“Dedicando cada día un tiempo –aunque sea muy pequeño— a la oración y la lectura de la Biblia”, etc.), pero si bien esa respuesta me parece apropiada, creo que en muchos casos no será suficiente. Hay ocasiones en que lo verdaderamente necesario es redefinir con sabiduría todas nuestras prioridades, y si éstas así lo exigen, restructurar también nuestras ocupaciones y nuestro estilo de vida. No podemos simplemente dar por sentado que el mundo es como es y que no tenemos otra opción. Cuando Jesús dijo “Buscad primero [el] reino [de Dios] y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”*, no estaba pensando que tu caso (o el mío) sería la excepción.

* Mateo 6:33

3 comentario(s):

Carroña dijo...

Oh! Me gustó mucho tu entrada.
Creo que tienes toda la razón con respecto a la reestructuración de las prioridades.
Hacer eso da miedo...
¿Cómo saber cuándo detenerse en llevar hasta las últimas consecuencias una idea?
Porque cuando uno se lanza por un tobogán, la idea es llegar al final y no quedarse en el medio...

Carroña dijo...

Vas a tener que ayudarme a conectar bien el facebook con el blog, yo traté de hacerlo pero no me funcionó muy bien!

Cristian dijo...

Es cierto que da miedo considerar otras opciones... La verdad es que el miedo suele paralizarnos mucho. Tendemos a querer controlar demasiado los resultados de lo que hacemos y, como no nos arriesgamos a experimentar, tenemos exactamente la vida que forjamos: plana, la mayor parte del tiempo.

Con respecto a Facebook, te podría pasar el mismo código que usé... Sólo habría que cambiar el identificador de la aplicación porque, según recuerdo, es específico para cada sitio web.

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