Esta vez estoy escribiendo lo que se me viene a la mente tras un intercambio de emails con uno de mis buenos amigos. Da la casualidad de que él es cristiano y el comentario que me hizo tiene que ver con lo que significa vivir como tal en el día a día.
Básicamente, lo que me hizo notar fue la conciencia que ha tomado de cómo transcurren sus jornadas. Es, podría decirse, una versión de lo que se conoce como la rutina “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, pero él fue muy explícito en relacionar esto con el hecho de que generalmente esta rutina absorbe todas nuestras energías y nos mantiene lo suficientemente ocupados como para impedirnos levantar la vista al cielo y enfocarnos en lo que realmente importa (i.e. la comunión con Dios).
Esto, diría yo, describe lo que probablemente ocurre en la mayoría de los hogares que conozco. Podemos teorizar y afirmar con muy lindas palabras que es posible vivir en contacto con Dios a lo largo del día aun en medio de la más intensa actividad laboral, pero la realidad es que nuestra inconstancia suele ser grande y, a menos que decidamos consciente y seriamente dedicar un tiempo a alimentarnos espiritualmente (tal como solemos aferrarnos a nuestros horarios de comidas), tendremos la tendencia a dejar nuestra hambre espiritual insatisfecha una vez más.
¿Cómo se vence la rutina? Me veo sumamente tentado a escribir una respuesta tradicional (“Dedicando cada día un tiempo –aunque sea muy pequeño— a la oración y la lectura de la Biblia”, etc.), pero si bien esa respuesta me parece apropiada, creo que en muchos casos no será suficiente. Hay ocasiones en que lo verdaderamente necesario es redefinir con sabiduría todas nuestras prioridades, y si éstas así lo exigen, restructurar también nuestras ocupaciones y nuestro estilo de vida. No podemos simplemente dar por sentado que el mundo es como es y que no tenemos otra opción. Cuando Jesús dijo “Buscad primero [el] reino [de Dios] y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”*, no estaba pensando que tu caso (o el mío) sería la excepción.
* Mateo 6:33
¿Por qué el cristianismo (…) ha sido capaz de infiltrarse en tantas culturas tan diferentes? En primer lugar, hay un conjunto de enseñanzas (…) con las cuales están comprometidas todas las formas del cristianismo. Sin embargo, hay una gran dosis de libertad en la manera en que estos absolutos son expresados y adquieren forma dentro de una cultura en particular. --Tim Keller